- “No consigo saber cómo hacerla feliz. ¿Cómo se puede querer tanto a alguien y … y no saber como … como hacerla feliz?”
París recuerda un dicho muy antiguo:
“No sabré hacerlo”, no ha producido jamás buen resultado. “Probaré a hacerlo”, ha obrado casi siempre maravillas. “Lo haré”, ha conseguido milagros.