Hasta la maquinaria más precisa, la primera vez tiene que ajustarse; deben acoplarse cada una de sus piezas para que todo funcione a la perfección. Y si el maestro relojero ha hecho cada una de las piezas con precisión y cariño, la primera vez que el reloj echa andar no hay ningún problema.
Y París observa con ilusión como van girando los engranajes, el “reloj” parece que funciona…
Noviembre 17, 2009 en 7:34 pm |
Y no te olvides que de vez en cuando, hay que darle cuerda.
Besos
Noviembre 22, 2009 en 8:11 pm |
iba a hacer justo el mismo comentario de hsolo …